Es impresionante ver las 30.000 chochin (lámparas de papel japonesas que todos conocemos) colgadas por todo el camino que conduce hasta el santuario con el nombre de la persona o empresa que la donó. Las linternas encendidas forman un gran muro que se recorta contra el cielo oscuro.
En la parte baja del camino se encuentran los puestos de comida donde se concentra toda la gente para contrarrestar el calor veraniego con una cerveza y algunas chucherías típicas.
Se celebran también muchos eventos como el Bon O-dori, que es un baile tradicional que según la región donde te encuentres varía y las procesiones de Mikoshis, de los que ya hablé en otro artículo.
Fotos: Daniel Rubio Pérez
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